Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

viernes, 28 de junio de 2013

Os pouquinhos polvos



A poco que sigáis este blog con un poquito de atención sabréis que desde hace años colaboro estrechamente con  Amelia Galli,  pintora siciliana, y cuyo enlace a su obra acompaña siempre mis textos a través de su firma,  Scipona,  aquí a la derecha. 

Ya hice alguna mención a ella en  Esas Casualidades.




Hace años, cuando vivía en España, y nuestra colaboración era más intensa y diaria, desarrollamos varios proyectos. 

Una tarde Amelia me pidió que le escribiera un cuento corto para alguno de sus cuadros y colgarlo en su web española acompañando a su obra.  Así es cómo nació  Os pouquinhos polvos.  Un relato corto centrado en el universo pictórico de Scipona cuyo epicentro es la sexualidad femenina, recreada en el lienzo siempre con un toque muy imaginativo y peculiar

Se me ha antojado regalároslo al comienzo del Verano. 

Hoy además con la ventaja de que desvelo algunas de las claves (no todas ;) que por entonces solo adivinaron los muy cercanos y hoy descubriréis pinchando en las palabras que las albergan. 

Como habréis notado, el título está en portugués porque daba más juego ;)


Os pouquinhos polvos





Sentía que estaba allí, le sentía acercarse lentamente a sus espaldas.

Nada había dicho, ni siquiera nada había tocado pero detrás estaba él.


Ella lo sabía y no le había visto.


A lo lejos en la montaña el castillo recogía la última luz cuando ella lo abandonó hace ya... ¿cuánto hace ya?... ¿dos horas?... ¿tres años?... Al atravesar el foso pensó que sólo serían cinco minutos, 'cinco minutos, cinco minutos na vida', 'você no sabe quanto valen......'

'Con él, con él, con él...', martilleaba la canción en la cabeza, ... 'la vida es eterna...', mientras caminaba a su encuentro pisando el musgo y sintiendo como sus pies se hundían en él. 

La lluvia comenzó a resbalar por su pelo hacia su pecho adelantando el escalofrío del encuentro. 'con él, con él, con él...' 


Lo sabía. No le había visto. Pero él se acercaba.


Había dicho 'la vida es lo que tú tocas'. Y ella soñó la vida. Los espacios fueron invadidos de luz y fuego. 

El agua alcanzó el suelo y las plantas crecieron verticalmente.

Todo giraba en torno a su abrazo. 

Una vez y otra condenada a volver sobre su calor. Condenada a sentir la piel. Y la vida de un tirón dentro de un cálido abrazo húmedo.


Los minutos, las horas, ahora qué eran.


Lo sabía. No le había visto aún.

Estaba allí.

Detrás.



Su cuerpo se giró hacia él como un girasol se gira al Sol. Los ojos cerrados. Las manos extendidas. Y al roce de su tacto se sobresaltó el corazón con un incontrolado latido. Cada poro respiró su aroma. La piel se dilató.

Nada dijo. Nada podía decir.

La tierra paró su rumbo poseída por ese silencio en el mundo.

Tocó su cuello, acarició sus labios, atrajo sus piernas enrollando y empapando su cuerpo sobre sí.

Todos los abrazos en uno, todos los besos en uno.

La vida convocada.


Sólo eso.
Entre todo.

Sólo eso, la embestida de su cuerpo, de sus besos, de su olor. 
Por último de su abrazo. 
Irrespetuosos tentáculos que penetraban, invadían y vencían.

Y fue entonces, en el tiempo que tardó en decir ahora, cuando el cielo del paladar se hizo agua.