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"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

viernes, 31 de mayo de 2013

Tira millas

Noruega, 2007, Enrique Álvarez Fanjul



Echamos a andar hace tres días y ahora, ya puestos, quién le pone puertas al campo, dónde parar, dónde el límite.  Si nos ponemos intensos y transcendentes diremos que en nuestro interior, en nuestro arrojo, ahí lo tenemos, el límite.  Después de días de caminata (se nos ha ido un poquito de las manos ;) hemos comenzado a  viajar, con el mismo espíritu que iniciamos nuestro paseo pero más lejos.  Al menos con la imaginación.

Y aquí la eterna batalla entre si ser turista o ser viajero. Yo no sé muy bien qué soy. 

Siempre he detestado llegar a un lugar y tener un montón de “citas” que cumplir porque no quieres perderte nada y ya, a priori, bajo esas premisas, comienza mal la cosa.  Te agobias, te das el atracón, haces miles de fotos que luego no recuerdas haber hecho, vas de un monumento a otro haciendo la visita del médico y te vuelves a casa molido como quien se ha montado en el tío vivo y completamente aturdido.  Eso sí, te dices a ti mismo: “Ha estado bien”.  Lo confieso, conozco la experiencia.

"Deja tu casa. Ve solo. Viaja ligero. Lleva un mapa. Ve por tierra. Cruza a pie la frontera. Escribe un diario. Lee una novela sin relación con el lugar en el que estés. Evita usar el móvil. Haz algún amigo".  El tao del viajero, Paul Theroux.

Pues esto que dice  Theroux  en su libro El tao del viajero tampoco lo he cumplido a rajatabla porque ni me fui por tierra, ni escribí un diario (cosa de la que ahora me arrepiento enormemente viendo esta incontinencia verbal que me gasto desde febrero), ni crucé a pie la frontera, ni dejé de usar el móvil.  Así que, técnicamente tampoco se me puede catalogar de viajera

Pero, sí, me fui sola, llevé un mapa, iba ligera y sin billete de vuelta, hice amigos y leí, leí mucho de todo.  

Por eso sé que mi actitud viajera puede que se acerque más a la pregunta que se formuló Rimbaud desde Etiopía y que luego  Bruce Chatwin  utilizó como título de su recopilación de relatos de viajes
  ¿Qué hago yo aquí?   

Aunque lo mío sería más del estilo ¿Qué c*** se me ha perdido a mí por aquí?   Difícil respuesta porque cuando haces un viaje de estas características, en el que inviertes sobre todo tiempo, principalmente al cambiar de paisaje exterior lo que vas buscando es cambiar el interior, sales a la búsqueda de algo más que monumentos.  Te buscas a ti mismo.  

Lo dice Theroux “no puedes transitar el camino hasta que tú mismo te conviertes en el camino”

Pero de esto, porque tiene miga, hablaremos en otro momento.

Situémonos en el punto medio. En el de no quiero ser un turista más, huyamos del turisteo, de las temporadas altas, del viaje con nosotros, pero tampoco quiero dejarlo todo en manos del azar y la sorpresa (¡por favor, al menos una ducha caliente! ;)

Una vez cerrados unos cuantos temas de logística, deja fluir tu viaje, con toda probabilidad saldrás ganando, de manera que acabarás de verdad sorprendido por la experiencia.   Si en tu ciudad desconoces que la Iglesia que tienes pegada a tu fachada tiene más de 500 años y que alberga en su interior tallas valiosísimas, no tiene mucho sentido que te atormentes con cientos de datos de otra ciudad y que acabarás olvidando nada más aterrizar de nuevo en tu casa. 

Para mí viajar a otra ciudad es viajar a un modo de vida.  Como ser social que soy, no entiendo desplazarme a otro lugar sin entrar en contacto con la gente que lo habita y, de su mano, a través de sus ojos, conocer el lugar en el que estoy.    Lisboa, La Habana, Estambul, Messina son sitios que he descubierto de este modo y aunque me llevaba muy bien aprendida mi guía de viaje no tuvo nada que ver con lo que aprendí de la mano de ellos acerca de ellos mismos y de su ciudad.   Y, por supuesto, que vi iglesias, museos, maravillas de la Naturaleza, comida y bebida diferente, como en tantos otros sitios, pero la vivencia y el recuerdo de estas experiencias no se me olvidará jamás.

Y bueno, y al final, todo esto adónde me lleva, pues a proponeros que  escapemos, que tiremos millas de la mano de esta hermosa canción y su preciosa voz.