Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

martes, 30 de abril de 2013

Unos atorrantes



«La amistad es una religión sin Dios, sin Juicio Final y sin diablo. 
Una religión no ajena al amor, a un amor donde se proscriben la guerra y el odio, 
donde es posible el silencio.»
Elogio de la amistad, Tahar Ben Jelloun







Podría transcribir ahora entera la canción de Serrat  “Las malas compañías”  y con ello dejar sentenciado este post porque en ella se encuentra todo lo que hoy os vengo a contar acerca de la amistad.  Sí, esa cosa de la que a diario nos encontramos tantas frases hechas. Esa cosa que va acompañada siempre de un amigo. Preciosa palabra.

Los años y la vida  ayudan a entender razones y miradas. Por eso, con el tiempo, “en ocasiones veo amigos” al doblar cualquier esquina, al traducir detalles que antes, por estar yo a mis cosas, se me escapaban, al comprender su lenguaje, casi siempre no verbal. Al conectar siempre con algún rasgo de la gente, mi corazón podría ser un conventillo, como en cierta ocasión decía Mafalda.

Pero que salte la chispa es siempre un asunto a dos:


“Pones juntas dos personas que nunca antes han sido puestas juntas y a veces el mundo cambia, a veces no. Pueden chocar y quemarse, o quemarse y chocar. Pero a veces algo nuevo se construye y entonces el mundo cambia. Juntas, en esa primera exaltación, son mucho mayores que en sus dos entes separados. Juntas, ven más lejos, ven más claro".
Levels of life, Julian Barnes


Con este párrafo Barnes comienza su último libro, en donde habla de su relación de pareja, es decir, de amor. Pienso que podemos extrapolar la intención del texto también a la amistad.
¿Acaso no es la amistad también amor? 
Aunque es obvio donde ponemos  la línea divisoria. 

La amistad tiene la ventaja de que puede mantenerse a kilómetros de distancia y sin embargo sentirse muy cerca. El amor puede que no resista esta separación pues la conexión física y mental es primordial, y puede darse el caso de estar muy juntos físicamente pero la mente a kilómetros de distancia. En ese punto el equilibrio es complicado… y chungo si te dicen “te quiero como amigo”... ufff…jodido.

La amistad no tiene este grado de exigencia.

Julian Barnes tuvo la fortuna de vivir en pareja la plenitud conjunta del amor y la amistad. Levels of life, habla de esto y, sobre todo, del dolor ante la muerte de ella. No obstante, cuestión de carácter, me quedo con esa idea que transmite de que el riesgo a correr es un pequeño precio a pagar por el placer de elevarte por encima de la vida ordinaria en una ola de entusiasmo.   
Quería hacerle hoy una mención porque creo que el libro merece la recomendación y está recién salido del horno.

Pero me disperso… por dónde íbamos…
Ah, si… la amistad.

Bueno, más que de la amistad, así en abstracto voy a hablar de los amigos.  

Desde ese preciso momento en que comienza la amistad, desde ese instante en el que alguien da al interruptor de encendido, traspasa los límites y te toma por rehén, yo no veo más que ventajas.

Hay tantas clases de amigos como personas. En Elogio de la amistad, Tahar Ben Jelloun nos habla de unos cuantos: el amigo intermitente, el amigo de paso, el amigo desaparecido, el amigo reencontrado. Pero luego está el amigo incondicional, sin intermitencias, que llegó a quedarse, aún en la distancia, y por el que no pasa el tiempo pues la conexión es tan buena que, aunque transcurra mucho sin hablar, la comunicación siempre se restablece en el mismo punto sin dañarse.

Un buen amigo nada tiene que ver con un conocido, un compañero de trabajo, un familiar. Esto con frecuencia se confunde. Un buen amigo te conoce bien porque se ha tomado su tiempo, está en sintonía, escucha, es discreto, no juzga, reconforta, libera. Si es de los buenos, buenos, te ayudará, te enseñará, te hará crecer, vivir, te dará alas y te las reparará si es necesario.

Me gustan los que te quieren con locura y cuando se les nota demasiado disimulan. Disimulan también cuando a quien se le nota la locura por ellos es a ti, no vaya a ser, qué tontería, que nos volvamos moñas. Este pudor contrapuesto con el desahogo con el que se beben la vida, se desmarcan de las reglas y derraman su tiempo y su vida en tu copa como si no hubiera un mañana, se convierte en una mezcla irresistiblemente perfecta e imprescindible para transitar por la vida.

¿Que los buenos amigos se cuentan con los dedos de una mano?
… bueno, y a veces también de un pie ;)

¡Qué le voy a hacer, mis amigos son unos atorrantes!