Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

lunes, 1 de abril de 2013

Un arma cargada


Habíamos quedado que en lo limitado o no que tenga yo mi lenguaje así será mi mundo de estrecho y que esos límites, a su vez, están en relación con los juegos del lenguaje que comparto con mis semejantes pero ¿dónde están esos límites y esos juegos cuando nos encontramos ante un poema? ¿qué se supone que tengo que leer en él? ¿la experiencia que el poeta me muestra o la que vicariamente me lanza a experimentar? ¿es a él o a mí a quien oigo o leo en ese momento íntimo de la comunicación? 
Supongo que todo a la vez.


"…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi   poema…   Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada..."

Confieso que he vivido, Pablo Neruda


El poema, misterioso e inasible, ha dado mucho de qué hablar “¿Qué es poesía? Poesía eres tú” decía Bécquer, así de claro. “Erotización del lenguaje” decía Octavio Paz, ahí queda eso. “Lenguaje incorruptible” para Gerardo Diego, tan incorruptible él a su vez, o Lorca “la poesía no quiere adeptos, quiere amantes”. Para mi, por si interesa, la poesía es el paroxismo del lenguaje donde con frecuencia lo que más se oculta es lo que más se ve.

Hay quien dice que el lenguaje no se puede estudiar como cualquier otra disciplina porque el instrumento y el objeto de estudio es lo mismo y, por tanto, viciado ya nada más comenzar el análisis. Imaginad entonces la complejidad que alcanza con la poesía donde lo que se busca precisamente es romper límites, morder las palabras, libar en ellas, volverse ellas y donde no hay un solo tema al que no se meta mano, desde el poema mismo:  “En esta luz del poema / todo / desde el más nocturno beso / al cenital esplendor / todo está mucho más claro“ P. Salinas ; a la soledad “Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora”, Cernuda; o a los amigos: “Así un día en la barca de la sombra / de tanta ausencia abrigará mi pecho / esta antigua ternura que los nombra”, J. Cortázar; y, por qué no,  las moscas:Vosotras, las familiares, inevitables golosas; vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas”, A. Machado;  por su puesto, el sexo "...Un nítido recuerdo del placer que hallé en ti
se dibuja en el aire contrariado de mi vivo deseo todavía",
V. Gallego; la vida: Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde”, Gil de Biedma.Y, cómo no, el amor, tema estrella, el anhelado, odiado, sufrido, deseado, mancillado, enaltecido, motor y freno de todo lo demás: “¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo?”, J. Sabines.

Obviamente el responsable del mensaje, del poema, es el que lo emite. Ponernos o no a tiro, darnos o no por aludidos, depende sólo de nosotros y cuando lo hacemos qué maravilloso se vuelve entonces el lenguaje, caleidoscópico en su quintaesencia, certero en su disparo.

En estos días, más allá de las flores y los ocasos, los pájaros o la Primavera, más allá de todo adorno,  necesitamos una poesía que se apoye en sus versos para transformar. Necesitamos la Palabra. Hoy más que nunca necesitamos a Gabriel Celaya.

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO





Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,




cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.




Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.




Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.




Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.




Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.




Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.




Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.




Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.




Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.




No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.




Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.