Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

viernes, 12 de abril de 2013

Sin ton ni son


Vuela que vuela, allá va y viene,
hace y construye, manos no tiene.*

¿Cuánto hace que no participas en una buena guerra de almohadas? 
¿y que no echas a correr para que no te pillen aunque estés deseando que lo hagan? 
¿y cuánto que no juegas un partido donde las reglas son `que no hay reglas´?

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 Ojalá que haya sido hace muy poco, incluso esta misma mañana, antes incluso de tomar conciencia del plan del día. Pero me temo, es lo más normal, que si ya tienes “una edad” (vaya, todos tenemos “una edad”) que el juego no forme parte de tu día a día o haya pasado a un segundo plano, prescindible totalmente. Estoy hablando de ese tipo de juego en el que sin ton ni son, de repente, te encuentras en medio de una batalla, riendo, liberado, sudando y completamente exhausto … Uy, parece que estoy hablando de otra cosa. Pero no. Hoy no toca, ya hablaremos de sexo en otro momento, todo se andará, en cierto modo es un juego también, tiene también su componente lúdico … pero hoy vamos por otros derroteros.
 
Cuando jugamos dejamos por un momento de lado la parte lógica y seria de la vida, se produce una liberación en la que raro será si no sale nuestra verdadera esencia y personalidad. Es más, dependiendo de a qué te gusta jugar y cómo lo hagas darás pistas de qué clase de persona eres.

Para el niño es su estado natural, no concibe otra manera de relacionarse si no es a través del juego, es su medida, su aprendizaje y su apoyo en la evolución hasta la adolescencia en la que ya querrá formar parte del mundo adulto, se medirá con los mayores, rivalizará con ellos, abandonando poco a poco su espontaneidad. Momento complejo donde los haya, sumido en la perplejidad de los nuevos roles y perdido frente al sexo contrario. Llamamiento urgente a todos los que rodean a adolescentes en estos momentos, echad mano de la Inteligencia Emocional y enseñadles a hacerlo. Estaremos en sus manos en un futuro.

Pero me voy del tema. 

Voy a por los grandotes, los serios, los racionales, domesticados, alejados del instinto primero del juego y al servicio de los patrones establecidos. El juego, que antes era lo primero, ahora se infravalora y menosprecia. Así nos va. Asociamos juego a consumo, la mayoría de las veces hay una transacción económica por medio y que incluye con frecuencia la adquisición de un aparatito. Inconscientemente se considera un lujo y mientras que en el niño no hay un objetivo deliberado, en el adulto si.

Si eres de los que juega con asiduidad, enhorabuena, seguro que se te nota y lo transmites, pero si has perdido la costumbre, soy de los que opinan que no hay mejor terapia contra la rutina que jugar, así porque sí, sin más. La relación con los demás toma otro cariz, otra cercanía, desinhibe, relaja, potencia la creatividad y estimula el ánimo. En ese primer momento de comenzar a jugar todos nos sentimos muy torpes, a veces ridículos, pero pasados esos minutos iniciales todo comienza a fluir liberándonos de nosotros mismos y nuestros prejuicios, como si una voz interior nos dijera: "quita, tonto, ahora no molestes". Cuántos problemas y cuántas rayaduras mentales nos evitaríamos en todos los aspectos de nuestra vida si jugáramos un poco más y fingiéramos un poco menos.

Creo que estoy teorizando mucho, me está quedando el post demasiado científico ¿me lo estaré tomando demasiado en serio? 

Pues va a ser que si, que jugar es un tema muy serio.

 ¿Y tú a qué juegas?

 (lo siento no hay versión con subtítulos pero creo que el mensaje último se entiende bien, dejaros llevar)


Si la tengo, no te la doy
y si no la tengo te la doy*


*Premio para los acertantes de las adivinanzas ;)