Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

martes, 23 de abril de 2013

Más sexy


Bien, llegó el momento, vamos a hablar de sexo.
Pero si hoy es el Día del Libro.
Ah, bueno, pues eso, vamos a hablar de libros ¿hay diferencia?

Además, hoy recibe el Premio Cervantes, José Manuel Caballero Bonald, gran poeta, gran escritor y buen conocedor del vino. Alguien que me ayudó mucho a saber del tema cuando me ganaba la vida escribiendo sobre ello (algo debisteis notar hace unos días ;)

Gran maridaje: lectura, vino… …sexo.

Sirenas, Gustav Klimt, 1899


Un libro bien escrito es excitante y adictivo.
Quien lo escribe: interesante y misterioso.
La mezcla, en las cantidades precisas, puro sexo. Porque el sexo, señores míos, está todo en la mente.

Si no decidme por qué nunca olvidas la primera vez que te enganchas y te conviertes en amante de los libros ya para siempre. Tanto que llegas a repetir hasta perder la cuenta. Al menos yo no lo he olvidado.

Esa experiencia la tuve con Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, no era mi primer libro pero si la primera vez que me quedaba sin aliento y descubría lo que eran capaces de construir las palabras. No sé las veces que lo he leído, ni en qué partes me he detenido con más deleite, siempre encontrando nuevos matices.
¿Hablo de un libro? Hablo de algo más que un libro.
Hablo de experimentar, hablo de sentir.
¿Hablo de sexo? Hablo de algo más que sexo.

No soy capaz de conectar con alguien que no reconozca este comienzo “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en la que su padre lo llevó a conocer el hielo…”  y que de ahí no se haya dejado llevar a ese viaje por la imaginación hasta hacer de esa experiencia algo “irrepetible desde siempre y para siempre”.

Después vinieron otros libros muy importantes también como Las Olas de Virginia Wolf en el que me sumergí sin saber dónde me metía, devorando sus páginas y del que salí totalmente alucinada. El flujo de conciencia de sus protagonistas, el tener acceso a los pensamientos de los personajes, algo imposible, de momento, en la vida real y el tratamiento que le dio la autora me impresionaron tanto que me lo leí de seguido. Con el tiempo quise volver sobre él, releerlo, y no pude, no lo entendí como aquella primera vez. Digamos que fue libro de una noche.

El retrato de Dorian Gray, preciosa novela gótica de Oscar Wilde donde el alma se materializa en un cuadro, reflejando en él la perversión, el narcisismo, la culpa de Dorian en su búsqueda de la eterna juventud y la belleza eterna. La vanidad sin medida que hoy reflejan esos rostros mil veces operados que dejan de ser humanos y paradójicamente consiguen el efecto contrario al buscado con una eterna expresión de horror.

Y llegamos a El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence. Pedazo de experiencia extracorpórea para alguien que estaba empezando… … en esto de la lectura. Diré en mi defensa que había pocos libros de iniciación a la vida que arrojaran luz sobre el tema y que las clases en el Instituto (rompedoras para la época) no pasaban del uso instrumental de las herramientas. Así que, ahí estaba yo, autodidacta, a la aventura del saber y con un clásico. Vale, de acuerdo, lleno de tópicos: el marido aristócrata, pobrecito, impedido, ella llena de vida e insatisfecha y en estas que aparece un guarda bosques fornido y hecho un semental para ponerlo todo en su sitio. Qué más se puede pedir. Después los ha habido mejores, buscad en las librerías, los hay muy buenos sobre el tema, pero este fue el que me señaló el camino. Aquel verano no pasé a mayores pero, eso sí, el pelo lo llevé lleno de flores.

Y, sí, hubo otros libros que fueron importantes entonces y ahora, pero así de forma mecánica me salen estos que aquí os menciono y que me marcaron por algo. ¿Recordáis los vuestros?

Ahora está muy de moda decir que leer es sexy, expresión que viene del inglés: reading is sexy y que a su vez deriva de la expresión Smart is the new sexy.
Si, es verdad, cuando alguien lee y lo observamos completamente abducido por la lectura se convierte en alguien muy apetecible. Nos lo imaginamos con el mismo potencial de recreación y evocación que el libro que sostiene. Al menos cuando abra la boca esperamos que así sea porque las probabilidades de no defraudar aumentan con la lectura. Y, al fin y al cabo, lo que nos seduce son las mentes.

Leer no es que sea sexy, leer es la clave.