Cabecera

"No hay barrera, cerradura, ni cerrojo
que puedas imponer a la libertad de mi mente"

Virginia Woolf

martes, 5 de marzo de 2013

Pequeños cortes

Hay veces que todo se tuerce sin explicación, todo va mal, y si cuando todo va de culo, cuando parece que ya nada puede ir peor, comienza a llover y lo que llueve son ranas, de pronto, todo ese dolor pasa a un segundo plano para dejar paso al pasmo que se experimenta ante algo así, un pasmo que se transforma en una especie de catarsis liberadora.
Si no has visto esta escena, si no te suena, resulta que te estoy destripando uno de los momentos más surrealista y brillante del cine de finales del s. XX y que pertenece a una obra maestra: Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999). La película más impactante que yo haya visto sobre la naturaleza humana y su complejidad. Sobre humanidad.
Ya desde el comienzo te engancha con su reflexión sobre las casualidades pero, sobre todo, lo que te enganchan son sus protagonistas que aquí están encarnados por actores de primera como Philip Seymour Hoffman, Julianne Moore, John C. Reilly o Tom Cruise para el que supuso un cambio de registro y un montón de buenas críticas porque, es cierto, está sensacional en todas las escenas que aparece, quién lo iba a decir. No obstante, yo me quedo con Julianne Moore, perfecta toda ella, sobre todo en ese momento en la farmacia en el que un dependiente atontao’ se permite el lujo de opinar de lo que no sabe (¡cuántas veces habremos vivido algo así!)  con el agravante de que el personaje de Moore llega a este instante completamente rota por el dolor para terminar estallando ante este individuo. Magnifica.
No me voy a extender con Magnolia (ni en su banda sonora que da para un post del post) en Internet hay cientos de análisis sobre la película mejores que el mío a cuál más elogioso y merecido.

 


Yo adoro las películas corales, esas películas en las que las vidas se entrecruzan, se influyen, se transforman y tejen una red de relaciones que desde fuera no se adivinarían, al igual que pasa en la realidad, bueno, ya sabemos que la realidad supera a la ficción mil veces.

La primera que vi de este estilo fue Short Cuts (Robert Altman, 1993), basada en la novela del gran Raymond Carver. Aquí fue traducida como Vidas Cruzadas pero yo prefiero su título original Pequeños Cortes pues es eso lo que vemos en pantalla, un corte, un instante en la vida de los personajes que, a su vez, experimentan un corte existencial marcado por algún acontecimiento, por lo general trágico y que los acaba relacionando unos con otros. Short Cuts supuso un referente de este tipo de películas en las que se entrecruzan vidas. Cuando se estrenó Magnolia la comparación fue inevitable. Ambas para mi son magistrales y en las dos aparece Julianne Moore, en Short Cuts sublime en la escena que aparece planchando semidesnuda.

Anterior a estas dos está Gran Canyon (Lawrence Kasdan, 1991) también con acontecimientos y vidas entrecruzadas pero quizá con una carga de moralina que las otras dos no tienen. Recuerdo a Kevin Kline saliendo a correr y agobiado por una sociedad putrefacta.

Más adelante vendrían Happiness (Todd Solondz, 1998) más centrada en la familia y con un durísimo retrato de la depravación y la soledad humana y Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000) difícil de ver, también muy dura, puede que menos coral que las que vengo mencionando, y que me dejó noqueada para un par de días, ahora con el tiempo pienso que no era para tanto. Pero si tenéis un día cenizo no os las recomiendo porque podéis acabar hundidos en la miseria, esperar a tener el ánimo recompuesto para afrontarlas con cierta distancia.

Por último, inevitable mencionar a Alejandro González Iñarritu y su trilogía: Amores Perros (2000), 21 Gramos (2003) y Babel (2006) en donde las vidas que aparecen de primeras resultan completamente inconexas y acaban relacionadas por las más variopintas causalidades ¿casualidades?. Me quedo con los ojos de Gael García Bernal mientras suena de fondo “Lucha de Gigantes” en Amores perros y con Brad Pitt en Babel golpeando la pared mientras intenta comunicarse por teléfono sin éxito, una de mis pesadillas más recurrentes, sé lo que se siente: angustia.




Bueno, está bien, aquí fuimos unos adelantados con La Colmena (Mario Camus, 1982), gran película, con casi todos los buenos actores españoles de la época, sesenta personajes nada menos de los que solo da tiempo a ver un pequeño esbozo a su paso por el café “La Delicia”. Está basada en la novela de Camilo José Cela pero de él hablaremos otro día... ... o no.

Y hasta aquí mi atrevimiento cinéfilo. Todo lo aquí expuesto está basado en mi gusto personal, así que, seguramente no están todas las que son pero para mi son todas las que tienen que estar. ¿Cuáles son las tuyas?